Jesús dijo a la gente:
«Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me envió; y yo lo resucitaré en el último día. Está escrito en el libro de los Profetas: Todos serán instruidos por Dios.
Todo el que oyó al Padre y recibe su enseñanza, viene a mí. Nadie ha visto nunca al Padre, sino el que viene de Dios: sólo él ha visto al Padre.
Les aseguro que el que cree, tiene Vida eterna.
Yo soy el pan de Vida. Sus padres, en el desierto, comieron el maná y murieron. Pero este es el pan que desciende del cielo, para que aquel que lo coma no muera.
Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo.»
Palabra del Señor
Comentario
Que lindo es pensar que algún día “nada nos turbará, porque realmente solo Dios nos basta y que la paciencia todo lo alcanza”. Qué lindo es pensar que estamos “hechos para Dios” y realmente poder sentirlo con todo nuestro ser, no solamente decirlo. Qué lindo es saber que somos hijos y no “mascotitas” de Dios, que siguen a su amo, con amor, sí, pero no con verdadera libertad. Qué lindo sería que los cristianos pudiéramos anunciar un Dios-¨Padre de la libertad, un Dios de la libertad, de la alegría de seguirlo y de amarlo, un Dios que no encasilla, que no etiqueta, que no juzga, un Dios Padre que ama y nos busca. A veces me pregunto, sin echar culpas por el aire, qué nos pasó o que nos pasa a los católicos que no terminamos de “atraer” con nuestra vida a seguir con alegría a un Dios tan bueno. ¿Qué nos pasa? ¿Nos damos cuenta de lo lindo que es haber sido “atraídos” por el Padre?
Algo para pensar: Todos podemos creer en Jesús y sin embargo vivir alimentándonos de otras cosas, mientras decimos que creemos en él. Incluso podemos defenderlo, con nuestras palabras, podemos estar trabajando para él, para su Iglesia y sin embargo creer mal, creer a nuestro modo, tener una falsa idea e imagen de Él. Estar caminado detrás de él no es garantía absoluta de que lo consideremos como nuestro mejor alimento. Podemos estar caminando detrás de alguien, pero estar mirando para otro lado. ¡Cuidado!. El que cree en serio, el que va caminando con y hacia Jesús, en la pureza de la fe, empieza a buscar únicamente al “Dios de los consuelos y no los consuelos de Dios”, vive satisfecho, sabiendo que no hay mejor alimento de la vida que el Pan bajado del cielo, que es Jesús, el enviado del Padre para la salvación de todos.
Ahora… algo del evangelio de hoy nos ayuda a dar un paso más, la Palabra nos ayuda a dar un paso más que nos puede sorprender a simple vista: La voluntad del Padre es que creamos en su Hijo, en Jesús, pero nadie puede acercarse a Jesús, si Dios Padre no lo atrae, si de alguna manera no se experimenta una atracción interior y misteriosa. Esto explica porqué la Fe es realmente un don, un regalo, que puede ser aceptado o no. Pero es don que viene del cielo, y un don llegado al alma de cada uno de nosotros por la atracción que genera el Padre hacia Jesús. Sin olvidar jamás, que al mismo tiempo, la Fe es respuesta de los que aceptan esto, respuesta de la inteligencia y de la voluntad que creen, de la decisión de querer vivir según sus enseñanzas.
Siempre recuerdo la linda historia de Blanca, una mujer muy buena y sencilla que se acercó a la capilla donde me tocaba ayudar para empezar la catequesis con su hija. No estaba bautizada, pero iba a Misa y escuchaba con más emoción y atención la Palabra de Dios, que muchos de nosotros juntos. Lloraba mientras yo daba los sermones. La historia es larga, pero lo lindo fue que ella, sin saber nada de la fe, sin haber leído nunca el catecismo, terminó pidiendo el bautismo, terminó pidiendo recibir el don de la fe. En un año, tuve la dicha de bautizarla, darle la confirmación, a Jesús en la Eucaristía y el sacramento del matrimonio. Nunca me voy a olvidar de su rostro lleno de emoción. ¿Cómo es posible todo esto?
Es simple. “Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me envió” es la respuesta exacta. Por eso, vos y yo tenemos que alegrarnos porque no iríamos tras de Jesús si no fuera porque de alguna manera no nos sentimos atraídos por algo más grande. Tan bueno es Dios Padre que no solo nos dio el Don de Jesús, su Hijo, sino que además nos da la atracción para acercarnos a Él. ¿Y nosotros? Te preguntarás. Nosotros damos el paso inicial empujados por su amor, y al mismo tiempo el paso de cada día, el necesario para no dejar de perder esa atracción inicial que Él mismo nos regaló. ¿Qué hago acá Padre? Me decía alguien a la salida de Misa después de haber estado alejado muchísimo tiempo. Te dejaste atraer y viniste, hubiese sido una buena respuesta para darle.
Es un misterio, pero eso es lindo, una libertad atraída por Dios. Algo así como lo que decía el profeta Jeremías: ¡Tú me has seducido, Señor, y yo me dejé seducir! ¡Me has forzado y has prevalecido! Somos protagonistas, pero no somos los actores principales, aunque a veces nos la creamos, y nos olvidemos. Si nos hemos acercado a Jesús es porque Dios Padre nos atrajo de alguna manera, nos animó, nos sedujo y porque al mismo tiempo nos hemos dejado seducir, nadie es seducido si no se deja seducir y nadie se deja seducir si no hay alguien que lo seduce.
Sería lindo pensarlo siempre así, tanto para nosotros, como para aquellos que vemos que no se acercan. Recemos para que el Padre los atraiga, y vivamos con alegría para ayudar a esa atracción.
